(Caracas, 09 de febrero de 2026. MundoUR).- En un mundo laboral cada vez más complejo, la figura del jefe tóxico se ha vuelto un tema recurrente en las conversaciones sobre liderazgo y bienestar en el trabajo.
José Adelino Pinto, industriólogo y experto en Administración de empresas, define al jefe tóxico como aquella persona que socava los derechos de sus empleados. Según él, un jefe tóxico es alguien que no permite el crecimiento profesional de su equipo, carece de empatía y ejerce un control excesivo sobre sus subordinados. «Un jefe tóxico no solo afecta el ambiente laboral, sino que puede tener un impacto duradero en la salud mental de sus empleados», afirma Pinto.
Características de un jefe tóxico
- Falta de Empatía: No entiende ni se preocupa por las dificultades personales de sus empleados.
- Micromanagement: Controla cada detalle de las tareas, lo que puede llevar a la frustración y a la falta de autonomía.
- Desvalorización: Minimiza los logros de su equipo y no reconoce sus esfuerzos.
La Empatía en el Liderazgo
Pinto comenta que con la empatía «la clave está en encontrar un equilibrio». Porque el exceso de empatía puede llevar a la permisividad, mientras que la falta de ella puede resultar en un ambiente hostil. «Un buen líder debe ser capaz de entender las necesidades de su equipo sin caer en el abuso de la confianza», agrega.
Estrategias para manejar a un jefe tóxico
El especialista sugiere ciertos pasos para lidiar con un jefe tóxico de manera efectiva:
- Documentar las situaciones: Mantener un registro de incidentes puede ser útil para futuras referencias.
- Buscar apoyo: Acudir a recursos humanos o a unidades de cumplimiento dentro de la organización puede ser un primer paso para abordar el problema.
- Evaluar opciones: Si la situación se vuelve insostenible, es fundamental considerar la posibilidad de renunciar, pero siempre con una planificación adecuada.
Enfoque en el futuro y en la cultura organizacional
En el contexto actual, donde las nuevas generaciones buscan un propósito en su trabajo, Pinto enfatiza que la meritocracia debe ser la base para el ascenso profesional. «Las nuevas generaciones, especialmente la Generación Z, no se conforman con un trabajo sin significado. Buscan un propósito que trascienda lo meramente transaccional», dice.
Además, es fundamental elegir a los líderes por sus méritos y habilidades más que por su antigüedad en la empresa, porque esto puede resultar en la promoción de individuos que no están capacitados para gestionar adecuadamente a un equipo.
A medida que el mundo laboral evoluciona, también lo hacen las expectativas de los empleados. La gestión del talento y la promoción de líderes competentes son más cruciales que nunca para asegurar un futuro laboral en el que todos puedan prosperar sin sacrificar su dignidad.




