Madrid, 6 may (EFE).- El crucero MV Hondius, afectado por un brote de hantavirus, atracará el sábado próximo en el puerto de Granadilla de Abona de la isla atlántica española de Tenerife, desde donde los pasajeros serán evacuados a los respectivos países de origen, informó este miércoles el Gobierno español.
En el caso de los catorce españoles, incluido un tripulante, serán llevados al hospital militar Gómez Ulla de Madrid, tras ser examinados en las Canarias, indico la ministra de Sanidad, Mónica García.
Ese centro sanitario dispone de «unidades de aislamiento de alto nivel», donde guardarán «cuarentena», precisó la ministra en una rueda de prensa conjunta con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, después de una reunión presidida por el jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez.
En el caso de que algunos de los pasajeros españoles presente algún síntoma está previsto que ingrese en dichas unidades de aislamiento, mientras que los que permanezcan asintomáticas pasarán la cuarentena en el centro hospitalario pero en otras dependencias habitaciones, explicaron fuentes del Gobierno.
Todos los pasajeros que permanecen en el barco, asintomáticos
García explicó que todos los pasajeros a día de hoy están asintomáticos, una vez que los tres casos con síntomas y el médico del crucero, también enfermo, ya están fuera de la embarcación y fueron evacuados desde Cabo Verde, donde sigue fondeado el buque.
Los cuatro casos con síntomas están siendo sido trasladados a Países Bajos para que sean tratados, anunció hoy la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Según la OMS, se está trabajando con la empresa del crucero, Oceanwide Expeditions, en la supervisión de la salud de los pasajeros y los tripulantes, que totalizan 146 tras la evacuación médica de los tres que presentaron síntomas, precisó la compañía a EFE.
En tres días, dijo García, se espera que el MV Hondius arribe a Granadilla de Abona, un puerto secundario con muy poca actividad y situado a 10 minutos del aeropuerto de Tenerife Sur, de donde saldrían los aviones para las repatriaciones a los respectivos países.
Una vez allí se pondrá en marcha el mecanismo de evaluación sanitaria y de evacuación para repatriar a todos los pasajeros y miembros de la tribulación, salvo que la condición médica lo impida en ese momento.
En el caso de que algún pasajero extranjero necesitara atención sanitaria urgente, se le dará en España, pero las fuentes insistieron en que por el momento todos están asintomáticos y la previsión es que salgan hacia sus países una vez desembarquen en Tenerife.
Todo este proceso, recalcó la ministra, «contará con todas las garantías de seguridad necesarias».
Casi al mismo tiempo que la ministra de Sanidad informaba de la llegada del barco el sábado, el presidente regional de Canarias, Fernando Clavijo, anunciaba desde Bruselas que la naviera propietaria del crucero había solicitado a la autoridad portuaria de Santa Cruz de Tenerife poder atracar en un puerto de la isla y dijo que «se está estudiando» esa petición.
Clavijo consideró que «no tiene sentido» que los pasajeros desembarquen en Canarias para ser repatriados «si están técnicamente sanos y no hay contagio».
Sin embargo, las autoridades españolas anunciaron la noche pasada que aceptaban la petición de la OMS de que el buque se dirija a las Canarias, en «cumplimiento del Derecho Internacional y el espíritu humanitario».
Hasta el momento, tres pasajeros de ese crucero de lujo, que partió de Argentina a principios de abril, han muerto víctimas del brote de hantavirus.
La cepa de los Andes, causante de las muertes por hantavirus
Un laboratorio que colabora con la OMS confirmó hoy que la muerte de tres personas del crucero, que navegaba por el océano Atlántico, se debió a la cepa Andes del hantavirus, única de la que se ha documentado transmisión entre humanos.
La identificación fue posible gracias a una muestra tomada mediante por una prueba PCR de una persona que había estado a bordo del buque afectado, indicó un comunicado del Centro de Enfermedades Virales Emergentes de los Hospitales Universitarios de Ginebra (HUG). EFE





