(Dublín, 31 de mayo de 2026 – EFE / MundoUR).- Tres siglos después de su publicación, ‘Los viajes de Gulliver’, del escritor irlandés Jonathan Swift, sigue navegando entre generaciones como una de las sátiras más influyentes de la literatura, tan vigente ahora como entonces por su crítica feroz a la vanidad humana, la corrupción, la desigualdad o el fanatismo religioso.
Y no. No es un libro infantil, pese a que no ha dejado de excitar la imaginación de los más jóvenes, enganchados a las aventuras fantásticas de su protagonista en tierras exóticas de gigantes, liliputienses o caballos racionales, y también al humor, a menudo escatológico, de Swift (Dublín, 1667-1745).
Así ha sido desde que apareció un anuncio en un periódico londinense el 28 de octubre de 1726: «En este día se publica ‘Viajes a varias naciones remotas del mundo, por Lemuel Gulliver, primero cirujano y después capitán de varios barcos, en dos volúmenes, impresos por Benjamin Motte en Middle Temple Gate, Fleet Street».
«Fue un éxito inmediato, todo un ‘bestseller'», explica Brendan Twomey, doctor en literatura por el Trinity College de Dublín, donde estudió el propio autor antes de ordenarse como sacerdote anglicano de la Iglesia de Irlanda, en un país entonces sometido por el imperio británico.
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El ‘Long Hall’ de la majestuosa biblioteca de esta prestigiosa universidad -solo para protestantes entonces- exhibe un busto de su ilustre alumno, en una parada obligada del itinerario que descubre la huella de ‘Los viajes de Gulliver’ en la capital, que celebra este año el tricentenario con diversos actos, festivales y exposiciones.
Próxima al Trinity, la Biblioteca Nacional de Irlanda guarda cartas, escritos, facsímiles, copias anotadas y otros documentos vinculados a su vida y obra, entre las que destacan primeras ediciones y traducciones de Gulliver (la primera al francés solo un año después).
Otra cita obligada lleva hasta la Biblioteca de la Ciudad de Dublín, donde se exhibe la primera edición londinense de la novela y la segunda publicada en Dublín, ante su enorme éxito, pocas semanas después, así como una ‘linterna mágica’ sobre Gulliver -el ‘cine’ victoriano- o varias versiones infantiles ilustradas.
Una novela «para irritar al mundo»
Swift confesó en privado en 1725 que escribió la novela para «irritar al mundo, no para entretenerlo», recuerda Twomey, en referencia a la censura que sufrieron las primeras ediciones de la mano de Motte, temeroso por el impacto de sus dardos al poder establecido.
De hecho, pasaron nueve años hasta que la obra llegó a publicarse tal y como la concibió el ácido religioso, conocido también por sus famosos planfletos, escritos bajo diferentes seudónimos -como Gulliver-, sobre la corrupción política, la opresión británica en Irlanda o la hipocresía religiosa y moral.
Fue un clérigo de día y un autor comprometido en los ratos libres que le dejaba su puesto como deán de la catedral de San Patricio, que ocupó durante 32 años hasta su muerte.
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Una placa en el suelo del templo marca el lugar donde está enterrado Swift, junto a un busto y su máscara mortuaria, a escasa distancia de la casa del deán y la Marsh’s Library, una de las bibliotecas más antiguas de Irlanda y epicentro de la vida literaria dublinesa en el S. XVIII.
Marsh’s, lugar de lectura para Swift, también exhibe primeras ediciones de ‘los viajes’ y organiza hasta septiembre la exposición ‘Gulliver 300’ para conmemorar este cumpleaños, mientras que cada noviembre el ‘Swift Festival’ atrae a fieles ‘swiftians’ (no confundir con los ‘swifties’ de Taylor, advierte Twomey).
El paseo por esta zona del Dublín antiguo permite, asimismo, visitar el lugar de nacimiento del escritor en Hoey’s Court, o deleitarse con los llamados Platos de Gulliver, una serie de ocho placas circulares de terracota incrustadas en la fachada de un complejo de viviendas públicas construidas en 1996.
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Lemur sigue muy presente en la capital y en el imaginario literario.
«Es una novela muy importante porque es una historia, se dice a veces que para niños, en la que hay un montón de críticas sobre los imperios, la manera en que tratan a los seres humanos», destaca Loic Wright, académico y estudioso de Swift.
Es, además, una obra aún relevante, en la que el padre de la literatura irlandesa, con permiso de James Joyce -bromea-, muestra cómo los poderosos tratan de usar a Gulliver como «un arma de destrucción masiva».





