La desconfianza social en Venezuela alcanza al 89% de la población

(Caracas, 09 de junio de 2026. Lismar Rebolledo/MundoUR).- El psicólogo social Ángel Oropesa alertó sobre el severo deterioro del tejido social en Venezuela, donde la desconfianza hacia el prójimo afecta a casi nueve de cada diez ciudadanos. Según los estudios de la Universidad Católica Andrés Bello, esta cifra ascendió del 81% al 89% en los últimos años.

Este fenómeno resulta grave, pues sin confianza mutua el orden social queda a merced de una «mano militar o de una mano extranjera» o de alguien externo que imponga control.

Oropesa explicó en entrevista concedida a Román Lozinski para el Circuito Éxitos que la frustración colectiva surge cuando un entorno hostil interfiere con metas básicas, como el trabajo digno o el acceso a servicios esenciales. La literatura científica asocia esta frustración con la agresión, la cual se manifiesta contra la propia persona o contra otros individuos.

En sus palabras: «La gente frustrada suele tener mayor tendencia a agredir». Ante la imposibilidad de increpar a quienes detentan el poder, los ciudadanos realizan una «catarsis vicaria» contra sus pares, familiares o contra quienes emigraron del país.

En cuanto a la salud mental, el 20% de los venezolanos padece ansiedad o depresión en niveles moderados a altos. Este drama se acentúa en la población joven de 18 a 24 años, donde la cifra aumenta al 25%. La crisis económica también impacta la dinámica laboral, ya que el 20% de la población trabaja hasta 60 horas semanales debido a que los ingresos resultan insuficientes.

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Oropesa definió el empleo actual como una «fuente adicional de frustración» porque no satisface las necesidades básicas.

Las redes sociales operan como un «amplificador emocional» y una «cámara de eco de la queja». Estos canales radicalizan las posturas de forma artificial mediante algoritmos que solo refuerzan las creencias previas del usuario.

No obstante, el experto aclaró que los venezolanos no nacieron con estas actitudes, sino que responden a un contexto hostil acumulado. El cambio social requiere mantener las expectativas altas, pues la resignación anula la posibilidad de organización y la lucha por una vida mejor.