(Caracas, 06 de julio de 2026. MundoUR).- El profesor Michael Schmitz, experto en sismología (UCV/USB) y jubilado de FUNVISIS, comenta que una comisión científica integrada por especialistas de FUNVISIS y el Instituto Nacional de Geología y Minería (Ingeomin) verificó importantes daños geológicos en el centro-occidente del país tras los sismos registrados el 24 de junio de 2026.
De acuerdo con Schmitz, los geólogos en campo confirmaron que el sismo principal de magnitud 7.2 provocó rupturas visibles en el terreno. Este fenómeno se localizó inicialmente en la falla de Boconó, específicamente entre las poblaciones de San Felipe y Morón: «Ya verificaron que observaron la ruptura en superficie tanto en la zona del aeropuerto [de Yaracuy] como en la zona de Oriente», explica el experto.
Schmitz destaca que, tras el impacto inicial, el movimiento se desplazó unos 5 kilómetros al este hacia la falla de Morón. También señala que la falla de San Sebastián registró un movimiento brusco de entre 1 y 2 metros el día del desastre, liberando energía acumulada durante más de dos siglos. «Desde el terremoto de 1812 se acumularon prácticamente 2 metros, porque los otros 2 metros se distribuyeron en otros sistemas de falla», agrega.
Para monitorear la actividad actual, Venezuela está recibiendo apoyo técnico de diversos países. Schmitz informa que llegaron los primeros 20 equipos de instrumentación desde Alemania, y se espera la llegada de 500 equipos adicionales provenientes de China, Estados Unidos y México durante el próximo mes. Estos dispositivos serán desplegados en un eje que abarca desde La Guaira hasta más allá de San Felipe.
Ante la «masiva reconstrucción» que enfrentará el estado La Guaira, el sismólogo enfatiza la necesidad de realizar estudios de suelo detallados debido a la profundidad de los sedimentos, que en zonas como Caraballeda alcanzan los 400 metros. «O prohibimos edificaciones altas o garantizamos que las edificaciones altas cumplan con un diseño que las haga resistente a esas vibraciones», dice Schmitz.
Sobre la seguridad de las estructuras que permanecen en pie, recomendó una evaluación técnica profunda: «Si el edificio no sufrió daños, no hay razón para demolirlo. Si el edificio sufrió daño, hay que evaluar si esos daños son estructurales o no». Recordó que muchos edificios reforzados tras el sismo de Caracas de 1967 resistieron exitosamente este nuevo evento, lo que demuestra la efectividad de la ingeniería sismo-resistente.
Finalmente, el experto hizo un llamado a integrar la planificación de riesgos, incluyendo terremotos y deslaves, en todos los planes de obras públicas e infraestructura para evitar futuras tragedias.





