(Caracas, 08 de julio de 2026. MundoUR).- Tras un operativo que se extendió por casi cinco días, los equipos de búsqueda y salvamento lograron la extracción con vida de Aarón Levi Cantillo Vargas, de 27 años, quien permaneció sepultado bajo las ruinas del edificio OPP 25 en Tanaguarena tras el colapso de la estructura el miércoles 24 de junio.
Cantillo se encontraba en el primer piso del edificio cuando se produjo el movimiento telúrico. Según su testimonio, el colapso ocurrió mientras intentaba evacuar por las escaleras hacia la planta baja. El sobreviviente quedó confinado en un espacio reducido arrodillado, lo que le permitió verificar inicialmente su estado físico: «Me empiezo a tocar para ver si tenía lesiones… no tenía nada y yo dije: ‘Okay, estoy bien'».
Durante las 106 horas que duró bajo los escombros, Aarón se convirtió en el apoyo emocional de quienes lo rodeaban: Mari, Bárbara, Keiner e Isaac. El joven describió escenas, como el caso de Keiner, un adolescente de unos 16 años que, preso del pánico, se aferraba a su mano. «Él me decía: ‘Señor, no me suelte la mano, por favor, no me suelte la mano’. Y yo le agarraba la mano y le decía: ‘Yo estoy aquí contigo… no estás solo'», recuerda Aarón.
El sobreviviente informa que, a pesar de los intentos de comunicación externa mediante un dispositivo móvil, la falta de señal impidió el contacto temprano con las autoridades. Con el paso de los días, Cantillo confirmó el fallecimiento progresivo de los otros cuatro ciudadanos antes de la llegada de los rescatistas.
En sus momentos de mayor desesperación, Cantillo comenta que llegó a pedir un final rápido: «Siempre antes de dormirme le decía al Señor: ‘Dios, quítame la vida porque no quiero escuchar el sufrimiento de las personas que tengo a mi alrededor'».
El contacto con los rescatistas internacionales devolvió la esperanza al joven. Aarón destaca su conexión con un rescatista apodado «Tarzán», a quien incluso le cantó una canción de la película de Disney para mantener el ánimo.
Los rescatistas trabajaron incansablemente, prometiéndole que no lo dejarían solo. Aarón los describe como enviados divinos: «Yo les llamaba ángeles porque yo le decía: ‘Ustedes son los ángeles que mi papá, mi Dios Jesús… me mandó para que yo no muriera aquí'».
A pesar de la exposición prolongada a la falta de alimento, deshidratación y un ambiente saturado por la descomposición orgánica, el informe médico preliminar indica que Cantillo no presenta fracturas ni lesiones internas. «A mí me han hecho muchos exámenes y yo no tengo nada, tengo puros raspones», señala Cantillo tras ser evaluado en el centro hospitalario.
Para Aarón, su historia no es una cuestión de suerte. Es un testimonio de fe que debe ser compartido. «Yo salí de un hueco desde hace 5 días y eso no es natural… fue Dios. Así que si tú no lo crees es cuestión tuya… pero yo sé que yo solo no pude sobrevivir ahí», concluye el sobreviviente, quien ahora solo desea que su historia ayude a otros a comprender que existe algo más grande.






