(Caracas, 16 de julio de 2026. MundoUR).- La historia sísmica de Venezuela revela que, lejos de ser un fenómeno aislado, los terremotos han sido una constante desde el primer registro en Cumaná en 1530, pasando por eventos significativos en 1900, 1912 y el recordado sismo de 1967.
El historiador y periodista, Jesús Piñero, enfatiza que la percepción de riesgo sísmico en el país suele estar sesgada por el centralismo. «Lamentablemente estas tragedias que han sido constantes, pero en diferentes zonas no se registran, no las recuerdas, si no pasan en Caracas», afirma.
Este doblete sísmico de 2026 se suma a una cronología que, para Piñero, demuestra que, a pesar de la creencia popular, «somos un país sísmico. Somos de terremotos importantes», lo que obliga a rescatar la memoria histórica para entender nuestra vulnerabilidad y capacidad de respuesta.
Más allá del impacto físico, el historiador afirma que estos eventos han dejado lecciones sobre la organización civil y el uso narrativo de las tragedias, como ocurrió en 1812 con el discurso del «castigo divino» o en 1967 cuando se tildó de «terremoto comunista» por las zonas afectadas.
En contraste, la respuesta al doble terremoto de 2026 resalta una resiliencia que parece estar en el ADN del venezolano, demostrando que «la sociedad siempre ha respondido a este tipo de eventualidades… sin distinciones políticas, religiosas, de todo tipo sociales», concluye Piñero.



