(Caracas, 02 de mayo de 2025. Lismar Rebolledo/MundoUR).- En el corazón de la costa aragüeña, Carolina Morales emerge como una apasionada propulsora del arte del cacao, transformando la semilla en una exquisita joya de sabor. Su dedicación y amor por el cacao artesanal no solo resaltan la riqueza de la región, sino que también promueven la educación y el valor del patrimonio nacional.
«Del arte a la semilla, el cacao y el chocolate son arte,» afirmó Morales en entrevista con Román Lozinski, quien considera cada tableta como un «hijo» fruto de un proceso de paciencia, amor y dedicación. Lo que distingue al chocolate de Choroní es su origen privilegiado. «Estamos en una zona privilegiada, Choroní es amplio por sus playas y biodiversidad, lo que hace que tengamos un cacao diferencial. Nuestra ubicación en El Charal, con su biodiversidad extensa y bellísima, también influye, así como el clima, el cuidado y la combinación de montaña y mar.»
La tradición cacaotera se arraiga profundamente en la región. «Hay varias haciendas y productores, pero muchas personas tienen sus plantas en casa y hacen chocolate artesanalmente. Esta es una historia, aquí están todas las haciendas centenarias,» explicó Morales.
Si bien el cacao de Chuao goza de renombre internacional, Morales lamentó que gran parte de la producción de Choroní se destine a la exportación. En su finca de El Charal, Morales supervisa todo el proceso, desde la cosecha y fermentación hasta el secado, culminando en una colección diversa de más de 20 productos de chocolate. «No utilizamos azúcar refinada, damos la importancia que tiene el papelón de Choroní,» enfatizó.
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Aunque no posee la certificación de las grandes haciendas como la de Chuao, la producción de Morales se distingue por su enfoque orgánico y biológico. «La densidad que tenemos de plantas por hectárea son más de cinco mil en apenas tres hectáreas. Hemos inculcado lo orgánico, biológico, trabajamos con unas avispas que hacen todo el proceso de equilibrar las plagas. Este es un cacao que desde el primer día es orgánico,» declara con orgullo.
Más allá de la producción, Carolina Morales aboga por la educación. «El cacao debería ser una materia que se imparta en los colegios porque es parte de nuestro patrimonio nacional. Debería haber más conocimiento, y nuestra misión es educar el paladar y a las personas,» concluye. Su visión busca rescatar el valor del cacao como un tesoro nacional y un arte que debe ser apreciado y transmitido a las futuras generaciones






