(Getafe, 22 de febrero de 2026 – EFE / MundoUR).- La expulsión de Djené Dakonam al filo de la media hora y la entrada de Adnan Januzaj en la segunda parte, marcaron la victoria del Sevilla sobre el Getafe (0-1), que con un tanto de Djibril Sow resucitó, tras tres encuentros consecutivos sin conocer la victoria, y tomó distancia respecto al descenso.
En un duelo muy espeso y de trincheras, los pequeños detalles podían marcar el futuro de los dos equipos. Y estos no fueron otros que la tarjeta roja de Djené y la entrada de Januzaj en el descanso para revolucionar al conjunto hispalense.
La euforia recién adquirida del Getafe -dos victorias seguidas y cuatro partidos sin perder-, recibía en el Coliseum a un Sevilla instalado en una crisis que ya no es noticia sino paisaje.

El último capítulo lo protagonizó el argentino Matías Almeyda, sancionado siete partidos, condenado a ver el choque desde una cabina de radio del estadio del Getafe, como un técnico de otra época castigado a ver el partido detrás de una pecera.
En el banquillo, Francisco Javier Martínez ejerció de delegado plenipotenciario del técnico argentino. Y desde las alturas, Almeyda debió frotarse las manos cuando, al filo de la media hora, Djené vio la roja por una entrada muy fea sobre el tobillo de Suazo. Fue una jugada brusca, de esas que no admiten matices. El árbitro no dudó y echó del campo al jugador togolés.
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Ni antes ni después, ocurrió nada digno de memoria. El primer acto fue un páramo. El balón circuló como quien cumple una obligación burocrática, sin alma ni imaginación. El Sevilla, que lleva años perdiendo piezas de talento sin encontrar reemplazo, volvió a exhibir esa carencia en el centro del campo.
Ya no tiene jugadores como Rakitic, Banega o Sarabia -jugadores que pensaban el partido un segundo antes que el resto- y lo que queda es un conjunto esforzado, aplicado, pero huérfano de fantasía.

Casi todo es músculo, casi todo es rigor físico en el cuadro andaluz. También en el Getafe, donde Luis Milla aparece como una ‘rara avis’, un futbolista con pausa y brújula en medio de tanto despliegue atlético. Pero ni siquiera él pudo poner orden entre tanto envío en largo y tanta segunda jugada. Una isla de talento no basta cuando el océano es tan físico.
Las estadísticas del descanso fueron el mejor resumen del tedio: cero disparos entre los tres palos. El público asistió a un ejercicio de supervivencia más que a un partido de fútbol. Salvo la expulsión de Djené, no hubo nada digno de mención.
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En la reanudación, el Sevilla agitó el árbol con cambios: fuera Mendy y Suazo, dentro Ejuke y Januzaj. Después, Carmona por Nianzou. Movimientos hubo, pero la revolución no llegó hasta la entrada de Januzaj, que activó a un equipo anestesiado.
De Carmona fue el primer aviso real, un disparó contra el lateral de la red. Y por su costado, el derecho, Januzaj inició el gol: conectó con Akor Adams con un pase cruzado excepcional. El africano, al primer toque, dio una asistencia muy elegante a Sow, que batió a Soria con un disparo certero desde dentro del área.

Fue su segundo gol consecutivo, el cuarto esta temporada en Liga, y sirvió para dar un golpe casi definitivo al Getafe, que con la entrada de Birmancevic en el último cuarto de hora recibió un último impulso que no se tradujo en nada, pese a un disparo de Satriano que obligó a Odysseas a emplearse a fondo.
Por lo demás, el Sevilla aguantó bien y se llevó tres puntos con los que tomó aire antes de enfrentarse al Betis la próxima jornada. Al final, Djené y Januzaj fueron los dos protagonistas de un encuentro que animaron cuando parecía destinado al empate a nada. Una expulsión y una aparición fugaz, sentenciaron a los hombres de Bordalás e impulsaron a los de Almeyda.





