(Los Ángeles, 23 de mayo de 2026 – EFE / MundoUR).- Scott Vincent Borba, cofundador de e.l.f. Cosmetics, una de las empresas más influyentes del sector cosmético de bajo costo en EE.UU., se ordenó este sábado como sacerdote en una diócesis católica de California, tras renunciar a su fortuna, su preciado Aston Martin y su círculo de celebridades en Hollywood.
La historia del religioso, de 52 años, ha atraído el foco nacional en la sencilla ceremonia de ordenación sacerdotal en la Diócesis de Fresno (California), que sirve a una comunidad eminentemente agrícola en el Valle Central de California, un lugar muy diferente al que el otrora empresario frecuentaba hace más de una década.
Borba ha dicho en repetidas ocasiones a los medios estadounidenses que siempre “quiso hacer algo grande”.
En términos empresariales logró la cúspide tras convertir a e.l.f., fundada en 2004, en una de las marcas más conocidas en EE.UU. valorada actualmente en cerca de 4.000 millones de dólares, lo que le permitió entrar en el círculo de Hollywood.
En medio de su éxito, lanzó Borba Skin Balancing Water, una de las primeras bebidas con vitaminas y minerales enfocadas en el cuidado de la piel «desde adentro», según se promocionaba. La actriz Maggie Gyllenhaal fue fotografiada sosteniendo una de las botellas.
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Su fama en la belleza lo llevó a realizar tratamientos especializados como el que le hizo a la actriz Mila Kunis para la ceremonia de los Globos de Oro de 2011, en el que uso rubíes y diamantes triturados, según contó a The New York Times.
Esa época de éxito lo llevó a moverse en círculos glamurosos: «Nos codeábamos con gente como Paris Hilton, íbamos de fiesta con las Kardashian y simplemente vivíamos la vida de Hollywood», relató Borba a ABC30.
El religioso se describe asimismo como «el ejemplo perfecto de la vida de lujo». Tenía una mansión en las montañas de Hollywood, un preciado Aston Martin descapotable y su armario lleno de grandes marcas.
El llamado
Borda también celebraba su éxito siendo anfitrión de grandes fiestas. Pero en una de ellas tuvo una «experiencia mística» al sentir a Dios y la presencia del Arcángel San Miguel, según contó al diario neoyorquino.
Ese día marcó un punto de inflexión en su vida y entendió que estaba perdido en medio de todo eso. Confesó que se sentía vació y llevaba «una vida pervertida» al ofrecer productos para que las mujeres se vieran y se sintieran parte del mundo de las celebridades. Ahora, considera que todo eso «es lo opuesto a lo que Dios desea».
«Es algo con lo que tendré que cargar en penitencia durante el resto de mi vida», dijo a ABC30 en una entrevista reciente.
En 2019, Borba anunció que dedicaría su vida al ministerio católico, tras donar toda su fortuna a obras benéficas.
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Recordó que cuando era niño pensó en dedicarse al sacerdocio y comenzó un nuevo camino que lo trajo de regreso a Visalia, la pequeña ciudad donde creció, tras pasar cinco años en el seminario de San Patricio, en Menlo Park (California).
Cuenta que vive en una habitación diminuta y austera y no tiene casi nada: «Mi vida se ha reducido a lo estrictamente indispensable».
Pero aún así, siente que su vida tiene un propósito, porque a pesar de todo su éxito, ganancias económicas en su época de empresario, nunca fue tan feliz como ahora, ha repetido en las múltiples entrevistas que ha hecho.
La Iglesia de San Carlos Borromeo, en Visalia (California), fue el escenario de la ceremonia de ordenación, donde Borba, junto a los diáconos Marco Ayala y José Francisco Orozco se convirtieron en sacerdotes.





