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jueves, julio 18, 2024

Italia impuso su poderío ante Albania en la Eurocopa con pizarra de 2-1

(Dortmund, 15 de junio de 2024 – EFE / MundoUR).- Por detrás en el marcador en un instante, en 23 segundos, con el gol más rápido de los 84 años de historia de la Eurocopa de Nedim Bajrami, la selección de Italia reaccionó con una autoridad inesperada, remontó en un cuarto de hora y visibilizó la diferencia que aún le separa de Albania, a la que superó en cuanto se lo propuso con un cabezazo de Alesandro Bastoni y una volea de Nicolo Barella para terminar después agarrada en la última jugada a una parada salvadora de Donnarumma frente a Manaj.

Aún en tiempos sombríos, lejos de la envergadura de toda su historia, fuera del último Mundial de Catar, Italia es la vigente campeona de Europa. Es la defensora de un título a la que prácticamente nadie le otorga posibilidades en Alemania. Si las tiene o no lo dictará el recorrido, que empezó de la peor forma posible, pero enderezó con carácter y celeridad, aunque con altibajos.

Dirigido por Spaletti desde el banquillo, con una única derrota en sus once encuentros (3-1 contra Inglaterra), sobre el césped propone una cantidad de jugadores cuya dimensión es incuestionable, sea cual sea el momento, o sea cual sea el papel secundario que se le presupone en la cita continental. Nadie habla de Italia. Y quizá esa sea su mayor ventaja.

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Cierto que este sábado jugó contra el peor equipo del grupo (en la segunda jornada aguarda España y en la última se enfrentará a Croacia), pero presentó en la Eurocopa a un defensa de firme apariencia, juego dinámico y precisión absoluta como Calafiori, al lado de Bastoni, cuyo presente es expresivo, campeón de la Serie A en el Inter. 22 y 25 años.

O Nicolo Barella, un medio centro estupendo, en duda toda la semana por unas molestias en el cuádriceps, pero titular en la puesta en escena de Italia, que también dispone de Frattesi, Chiesa, Scamacca, Pellegrini, Di Marco, Jorginho, Di Lorenzo… Y nunca es fácil comenzar como lo hizo. Si había dudas, el gol de Bajrami las disparó de repente. Sin intuirlo.

En 23 segundos, con el error gravísimo en el saque de banda de Dimarco, que le entregó la ocasión al atacante albanés. La volea con la derecha del delantero del Sassuolo (dos tantos en este curso en la Serie A) fue imparable para Donnarumma.

El gol más veloz de las 17 ediciones de la Eurocopa. Le arrebató tal récord al ruso Dmitri Kirichenko, con su tanto a los 67 segundos ante Grecia del 20 de junio de 2004. La incredulidad de Italia. La inseguridad. Y la rebelión. Su respuesta fue concreta. Fulminante.

Ni un instante esperó. Asumió el golpe, se apropió del balón, ganó metros y atacó. Trasladó toda la acción al terreno contrario. No había prisa. El partido restaba entero. Pero tampoco margen para la duda. El tiempo jugaba en contra. Las sensaciones también. De no haber sido porque su reacción fue concluyente. Lo reforzó. Además, ante una olla a presión en ebullición, con unos 40.000 seguidores albaneses en las gradas, cuando llegó el 0-1.

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En el minuto 11, un córner en corto, un centro perfecto al segundo palo de Pellegrini y el remate solitario, certero, de Bastoni anunció a todo el público que el 0-1, la victoria parcial de Albania, sólo había sido un lapsus en los primeros instantes. No lo defendió nada bien el grupo de Sylvinho. Ni el córner ni el centro posterior ni el remate final. Demasiados errores.

Cinco minutos después, Barella conectó con el 2-1 con una volea desde fuera del área. Le bastó un balón suelto para demostrar su clase. También para aliviar a Italia, que no fue más allá en el primer tiempo porque el remate picado de Fratessi lo repelió el poste y porque el portero Strakosha se cruzó para negar el tercero a Scamacca. Albania se sostuvo. Un rato.

Su supervivencia fue defensiva. Ni un ataque. Cada vez que sobrepasó ya su medio campo hacia adelante, con una mínima aspiración de generar un ataque, su hinchada rugió con expectativa. Nada más allá de alguna incursión que se quedó a metros de ser una ocasión. O un córner, jaleado como un gol. Pero no sólo vencía Italia. Lo controlaba casi todo. Hasta el tramo final.

La distancia era mínima en el marcador. La diferencia era mucho más sustancial sobre el terreno. Pero un margen tan estrecho siempre es una inquietud para cualquiera. También para Italia, abucheada en la circulación sobre el área de Albania, a la espera de su ocasión para asegurarse contra cualquier imprevisto. No la necesitó. Sí una parada final de Donnarumma. Jugó con fuego. Dos instantes. Al inicio y al final. Sobrevivió a los dos.

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