(Villa de Cura, 04 de abril del 2026. Redacción: Andrea Rocha) — Más de 18 horas de devoción ininterrumpida vivió el pueblo de Villa de Cura durante la tradicional procesión del Santo Sepulcro, una de las manifestaciones religiosas más arraigadas del estado Aragua, que cada Viernes Santo transforma las calles de la localidad en un escenario de fe colectiva.
Desde las 7:00 de la mañana, los cargadores comenzaron a reunirse en la histórica Casa del Santo Sepulcro, espacio patrimonial donde se resguarda la imagen durante todo el año. Allí, en medio de la expectativa, tomaron sus puestos a la espera de la bendición del padre Luis Chamberlain, quien da la orden para el inicio del recorrido.
La imagen salió entonces hacia la iglesia matriz San Luis Rey, en un trayecto de apenas cuatro cuadras que, sin embargo, se extiende por horas. El avance se da al ritmo del tambor, la matraca y la música fúnebre, en una coreografía que convierte el recorrido en un acto de profunda carga simbólica.
Cerca de las 3:00 de la tarde, la imagen ingresó al templo, donde se celebró la liturgia correspondiente, mientras los cargadores tomaban un breve descanso antes de la segunda parte de la jornada.
A las 7:00 de la noche, el Santo Sepulcro volvió a salir, esta vez para su recorrido nocturno alrededor de la plaza Miranda, acompañado por cientos de fieles que portaban velas y pago de promesas. La procesión se extendió hasta aproximadamente las 2:00 de la madrugada del Sábado de Gloria, cuando la imagen regresó a su casa.
La música que guía la fe
Durante todo el recorrido, la música en vivo —interpretada por la banda dirigida por Pablo Alae— marca el paso de los cargadores. “La música es parte del sentimiento que se vive en esta procesión; es la que permite avanzar y sostener el ritmo”, explicó. En los momentos de pausa, el tambor y la matraca toman el relevo, manteniendo la cadencia del movimiento.
Tradición, esfuerzo y relevo generacional

La logística detrás de la procesión es compleja. Según Luis Rosendo Hernández, presidente de la sociedad de cargadores, la imagen supera la tonelada de peso y es trasladada sobre los hombros y sobre las cabezas de más de 80 hombres, además de requerir conexión eléctrica permanente para su iluminación.
Para Coromoto Ramírez, celadora del Santo Sepulcro, cada año representa un reto: “Sacar la imagen de su casa es un compromiso muy grande”, afirmó. En la misma línea, Jhosbal Morejón, presidente de la sociedad religiosa, destacó que es la fe la que sostiene la continuidad de la tradición, incluso ante las dificultades.
La jornada también dejó escenas que reflejan la transmisión generacional de esta devoción. Marinel Bolívar, una de las encargadas del sistema eléctrico de la procesión, asumió la responsabilidad heredada de su madre. Su padre, quien fue cargador durante más de 40 años y falleció recientemente, dio paso a una nueva etapa: su nieto fue presentado a la sociedad y comenzará su formación para asumir en el futuro el rol familiar dentro de la procesión.
Fe que trasciende
El padre Luis Chamberlain señaló que Villa de Cura es una de las localidades donde la Semana Santa se vive con mayor intensidad, destacando el valor de sus imágenes y la participación de fieles que llegan desde distintas regiones del país.
Cada año, cientos de personas acompañan la procesión descalzos, de rodillas o con los ojos vendados, como parte de promesas cumplidas o peticiones personales, en una manifestación que combina sacrificio, tradición y espiritualidad.
La procesión del Santo Sepulcro en Villa de Cura es considerada una de las más emblemáticas del centro del país, no solo por su duración y organización, sino por el profundo arraigo que mantiene en la comunidad, donde la fe se vive como herencia, compromiso y expresión colectiva.
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