
(São Paulo, 8 de noviembre de 2026 – EFE / MundoUR).- Mientras las entradas oficiales para el Gran Premio de São Paulo superan los 4.000 dólares, a escasos metros del circuito de Interlagos, los vecinos de Vila da Paz alquilan sus terrazas para recibir a aficionados de distintos países. En esta favela, la Fórmula 1 no es un espectáculo, es una forma de salir adelante.
«La favela venció. Somos un ejemplo de resiliencia, de superación, de demostrar que somos trabajadores», dijo a EFE Alessandra Lemes Gonçalves, de 41 años, que encontró en la Fórmula 1 una oportunidad para mejorar la vida de su familia.

En el complejo de Vila da Paz, la favela de 15.000 habitantes levantada junto al circuito de Interlagos, la llegada del GP transformó las terrazas de las casas en miradores y las calles en puntos de encuentro para aficionados de todo el mundo.
“La Fórmula 1 es nuestro sustento”, explicó Alessandra, que abrió a 50 personas la casa en la que vive con su marido y sus dos hijos adolescentes, y destacó que la llegada del campeonato activa una economía que permanece dormida el resto del año.
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Desde las terrazas, los aficionados pueden seguir la competición por unos 150 reales el día de la carrera (unos 27 dólares / menos de 25 euros) con bebida y un guiso de frijoles, en una alternativa mucho más asequible que las entradas oficiales del circuito.
«Creo que quienes ven la carrera desde mi terraza pueden sentir el calor de la periferia, el calor humano», dijo Alessandra, que incide en la importancia de la comida porque «permite que las personas entren en contacto, vengan de Brasil, España o los Estados Unidos».
Un sustento que permite «no tener que dividir las empanadas»
Ella estima que el 90 % de la comunidad vive gracias al GP de São Paulo, ya que con el dinero que ganan el fin de semana pueden «pagar la cuota de un coche o hacer un viaje».
«Saber que tienes ese dinero y que, si tu hijo quiere algo, puedes dárselo, no tiene precio», añadió.
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Alessandra cuenta que cuando su marido era niño iba al final del día al mercado para recoger lo que había sobrado y «hoy puede comprarles a sus hijos una empanada a cada uno, sin tener que partirla por la mitad para que alcance».
Ella es trabajadora social y parte de la asociación vecinal, que trabaja cada día para mejorar las vidas de los niños del barrio organizando clases de fútbol y capoeira, repartiendo juguetes y ayudando a sus familias, a menudo una madre con varios niños, a prosperar.

Una de las iniciativas más emotivas que la asociación consiguió fue obtener 50 plazas para que niños y niñas de la favela puedan entrar en el circuito el día de la carrera y ver con sus propios ojos lo que solo han contemplado desde lejos o desde la televisión.
«No somos simplemente otro grupo de una favela. Somos una comunidad que tiene mucho que ofrecer», resumió.
Es mil veces mejor desde la favela
Entre los asistentes al GP desde la terraza de Alessandra está Fávio Silva, de 32 años, un parroquiano fiel a la cita desde 2018 cuando, por casualidad, conoció a los dueños.
«Estaba dando una vuelta por los alrededores del autódromo para intentar ver la Fórmula 1 y escuchar los coches desde fuera», relató este hombre que llegó a Interlagos después de recorrer un trayecto de tres horas en coche desde su ciudad.
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«Pasé por aquí, vi un cartel de Fórmula 1 y sentí curiosidad, así que decidí acercarme», tras lo que Flávio y Alessandra le recibieron aunque no había cobrado ese mes y no tenía como pagarles.
Fávio prefiere «mil veces» ver la carrera desde la favela, ya que se siente «en casa, dentro de una familia».

«Cuando vi los coches por primera vez, se me puso la piel de gallina. Desde entonces no he vuelto a faltar. Este es mi sitio» concluyó.
De esta manera, el Gran Premio de Fórmula 1 de São Paulo, que ya ha confirmado su permanencia en el calendario de la competición hasta 2035, se transforma en una oportunidad para los rincones más humildes de la sociedad brasileña.






